Soy otro tipo

Sin pensar ya estaba en la casa de Coyoacán del Hermanito, curandero, hijo de Pachita, descendiente directo de Cuauhtémoc, así sus credenciales, acompañaba a mi mejor amigo Luis, él preocupado, pensaba que estaba “embrujado” con un mal de ojo. Luis ha tenido muchas relaciones, de las cuales algunas de ellas seguro acabaron enojadas con él, pero embrujos para hacerle daño, debe haber mucho dolor, mucha furia para poder tomar esa decisión, seguro él hizo algo muy fuerte para que pasará así o pensó en esta opción por su, en ese entonces, racha de mala suerte. 

En el patio, como diez personas haciendo fila, todos sabían a lo que iban menos yo. Al momento de ingresar te daban un bolígrafo para apuntar tu nombre en una libreta donde ellos llevaban el registro, ambos nos registramos, lo hice por amistad, para darle ánimo. La casa no tenía nada en especial, solamente la gente es que estaba a la expectativa, y Luis claro, esperando para sacarse la duda. 

Lo que sabíamos por amigos de los amigos, es que El Hermanito podía en casos extremos hasta cambiar la sangre completa para curar a gente de VIH, así también podía sacar tu corazón para poder curarlo mientras tu veías esa imagen y después, claro regresarlo a su lugar sin hacer alguna escisión, datos e imágenes que impresionan a cualquiera, dignas de la mejor novela de surrealismo mágico latinoamericano, y bueno, a esa hora y día, nos citaban solamente para hacer diagnósticos, teníamos que entrar a una sala de consulta, la cual, era un cuarto en la esquina de una estancia grande, dónde estaban colocadas algunas mesas de tamaño similar. Íbamos uno por uno, y cuando me tocó mi turno abrí la puerta, entré a un espacio  bañado de niebla vaporosa donde sólo se veían las siluetas de algunas personas, cuatro de ellas “cuidaban” al hombre del medio, más alto y grueso, se sentía fuerte, no se alcanzaban a ver los rostros por la iluminación, le dije por qué venía: “Creo que alguien me ha trabajado, es una sensación sobre todo al tomar decisiones importantes”. Pensé después, al bote pronto, que mejor tenía que ir a un psicólogo pero bueno, sabía que mis palabras no iban a trascender.

Él, después enviaba a un asistente para decirte el diagnóstico escrito en un papel, donde te establecía una fecha para la “operación” de tu mal y te daba una receta para que compraras un té en uno de los cuartos de la casa, si estabas bien no te daban papel.       

La verdad, es que yo no tenía ningún tipo de ansiedad o expectativa, pasaron los minutos y la tarde ya pintaba azul pastel, las voces de los concurrentes se perdían en medio de historias personales sin ton ni son. Una persona se nos acercó, y me dio un papel y para sorpresa de los dos, a él no le habían entregado nada. Leí mi papel: 10 de Octubre, 17 horas, operación en los testículos, venir bañado y sin comer, tomarse el té número cuatro todos los días, una taza por la mañana y en la noche antes de las comidas. Eran 3,500 por el servicio.

Yo era el que tenía un trabajo sin saberlo ¿Sería verdad? lo más fácil es que los dos nos hubieran dado un papel para venir a “arreglarnos” pero, así le daba cierto grado de veracidad o ¿Era un juego mental nada más?

Otra pregunta empezó a rodar por mi cabeza ¿Quién me pudo haber deseado mal? 

Pasaron los días, estaba en la cocina preparándome un café y recordé otra ocasión, a la cual no le había dado mucha importancia hasta ahora, como unos cuatro años antes, estaba caminando en la calle, y así sin más se me acercó una señora, con el rostro demasiado marcado como una caricatura japonesa, todo en su rostro se exageraba, su nariz, arrugas, labios, me dijo que yo estaba trabajado, que me habían enterrado, yo espantado no sabía qué decirle, me pidió que le comprará un huevo, lo compré, después, ella lo tomó entre sus manos y pasó sobre mí de manera rápida, lo rompió en sus manos y de en medio salió en diente, dijo: “Este eres tú, acá está tu rostro” en el diente estaba una cara dibujada con trazos sencillos, básicos y arriba del diente le salían cabellos, me espanté y me dijó que ella me ayudaría a vengarme y revertirlo, pero le dije que no me interesaba, que no tenía dinero, se alejó rápidamente pero me dejó el diente. Obvio, lo tiré.

Ya eran dos situaciones similares, y en mi cabeza sólo rondaba quién podría haberlo hecho, alguna vez, en la prepa tuve una novia de descendientes españoles, gallegos, que vivían en Azcapotzalco, ella, recuerdo, hizo un dibujo dónde yo estaba atado de manos al principio de un túnel o cueva, se veía el cielo atrás. Terminamos y ya no supe de ella, el dibujo lo tiré a la basura. No me imagino que ella pudiera hacer algo más allá de ese dibujo.

En pláticas con amigos que van del mismo tema, algunos mencionaron que en las familias, en el trabajo, si es que te tienen envidia o furia pueden hacer hechicería para que te vaya mal. No lo sé, igual nací así y estoy pagando algo de una vida pasada. El mal de ojo es tan voluble, subjetivo, que sólo es posible si crees en él, y yo no creía, pero después de esto sólo me queda dejar abierta la puerta a estas nuevas ideas y experiencias.       

Llegué al día acordado, pagamos al entrar, nos dieron unas instrucciones, dónde nos quitamos la ropa para darnos un tipo de sábana gruesa blanca que simulaba una bata, éramos más de 30 personas, y nos colocaron en la estancia en donde estaba el cuarto del diagnóstico, lo recordé por las mesas que estaban apiladas, pasábamos en grupos de 5 personas, y me recosté en una de ellas, yo no veía que estaba pasando al lado, sólo me concentré en lo que me iba a pasar. Llegó mi turno, levantaron la bata y pidieron que recogiera mis rodillas, el Hermanito puso una de sus manos en mis testículos, escuché algún tipo de rezo en un dialecto que no reconocí, y me volvieron a tapar con la sábana, literalmente me envolvieron por completo, a su partida el Hermanito dejaba un casi imperceptible halo a copal, a hierbas de monte que sólo había olido en cementerios a las afueras de la ciudad, sus ayudantes me dijeron que no podría caminar durante tres días, que me tendrían que ayudar a hacerlo. Luis y los ayudantes, gracias a la sábana, lograron colocarme en el auto, estaba sin fuerzas, como si estuviera deshidratado, algo mareado.

Al ir por las calles me di cuenta que tenía mis cinco sentidos totalmente abiertos, los olores se acrecentaron a tal grado que debía parar a veces de respirar para saber qué estaba pasando. Los colores eran todos más brillantes, podía ubicar los diferentes tonos de verde de los árboles, mi piel estaba muy sensible y a cualquier revire del volante yo sentía como si el auto de al lado nos fuera a pegar, al transcurrir de los días las sensaciones bajaron de intensidad regresando a la normalidad. No podía caminar, tuve que pedir prestada una silla de ruedas, ir al baño era el peor momento, sobre todo a mear, me sentí vulnerable, ya al tercer día pude recobrar cierta fuerza en las piernas y empecé a andar otra vez. 

A partir de ese día todo cambió, voy de catarsis tras catarsis, lloró por escuchar canciones, ver películas, el escuchar una frase emotiva o ver una escena fuerte que se refieren a algún pasaje de mi vida y me da por llorar. No he parado, día a día me sucede, en el trabajo, en reuniones con la familia, amigos, lavando trastes, caminando, es llorar sin control, cómo si se hubiera abierto una llave de paso a miles de sentimientos guardados. 

Sí, pasaron algunos meses y me dejó de importar quién lo había hecho o lo que los otros pudieran pensar, más bien era la idea de estar rodeado de gente, conversar y saber que en cualquier momento podría estallar en catarsis al más mínimo movimiento, sonido, palabra, y después, abandonar la conversación, fue entonces que dejé ir a las reuniones, conseguí un trabajo desde casa y me cambié de residencia a otra ciudad. 

Esta situación me obligó a empezar una nueva vida, en realidad soy otro tipo, uno que llora demasiado, pero ahora, sin pensar, en esta ciudad, me encontré con gente que llora también, cada uno lo hace por sus muertos, por sus fantasmas, por sus alegrías, por el goce, yo lo hago por no recordar haber llorado alguna vez. 

Página 10

No sé de dónde salió la idea de dar un posible fin a una relación complicada, pronto, en este próximo invierno, es una estación que sí, es fría, y es dónde las palabras que digamos pueden serán templadas, con un volumen más bajo, dónde debemos amagar el alcance, la consecuencia, convenir los argumentos para el duelo.

Me caga, ahora tendré un nuevo pensamiento recurrente, mejor leo el periódico, página 10.

Detenidos 3 por asesinato      

CIUDAD DE MÉXICO (EFE).- El gobierno anunció ayer el arresto de tres presuntos implicados en el asesinato de la periodista Estela Treviño, cuya muerte en Tijuana desató una movilización nacional contra la violencia de prensa. 

Lo que no entiendo es de dónde surgió esta idea, si es que me separé hace más de tres años y sigo sólo, inconsciente, ensimismado, obsesivo. 

Una época, a todo pulmón

En esta época de Covid, después de dos años de sólo ver estadísticas, en los pasados días estuve inmerso en la enfermedad, lejos de la familia y de las personas más cercanas, hubo gente que me acompañó, pero los tres días de encierro me hicieron recordar a mi hermano Juan, quién antes de la Pandemia no logró sobrevivir a un cáncer. Lo recordé porqué me dio miedo el saber que mi sistema inmune estaba peleando para salir adelante así como lo hizo él durante casi 9 meses, yo en tres días pude con mis pocas o muchas herramientas observar y recordar las revisiones de pulso, de oxígeno, de hacer lo posible por bajar la presión, subir la oxigenación y al mismo tiempo tener fuerza vital para salir adelante, tuve momentos difíciles al recordar su esfuerzo, ya que su sistema inmune reventó al tercer mes, los ganglios explotaron generando que sus pulmones se llenaran de agua, sus piernas tuvieran un aspecto gelatinoso y crecieran por el agua y la sangre, y claro, el posterior deterioro de todo su cuerpo. 

Todos esos momentos regresaron a mi cabeza, sin saberlo, en el inconsciente aún tenía estas imágenes fuertes guardadas en un estante opaco, en el rincón, cómo para querer olvidar todo ese desaliento de ver como una flama se va apagando poco a poco, y sin poder hacer nada al respecto.

Una de las aristas de este largo peregrinar, era el trabajo diario para equilibrar todos los números para medir la salud, ya que por sentido común alguien podría realizar ciertos ejercicios para estabilizarse, o ciertas ideas básicas para salir adelante como los ejercicios de relajación, o algunos estiramientos básicos de yoga, caminar, medicina alternativa, y él, con toda su fuerza hacía cada uno ellos con total disciplina, pero siempre al límite mientras le bajaba la presión, pero le faltaba oxigenación, entonces era subirle la presión al tanque de oxígeno para que descansará, después viceversa; lo difícil entre estas acciones es que los pulmones ya estaban débiles, su corazón, sus ganglios ya no funcionaban, era aterrador ver que todos su esfuerzos eran en vano para mantenerse en equilibrio, en el límite de la salud, y en las caídas ir de regreso al hospital, así durante casi 6 meses. 

Cuando empezó la pandemia del Covid, ubiqué que muchos de los problemas de la enfermedad podrían ser similares a lo que le pasó a mi hermano. 

Ahora veo a lo lejos que mucho de lo que pasó a él, fue un largo maratón espiritual de dolor, de fortaleza mental, yo con tan sólo tres días pude verme reflejado e hice consciente todo el esfuerzo de Juan, impresionante. El recordarle en estos días, claro que no me ayudó, pero me hizo ver que sigo en shock al ver todo el camino que él llevó hasta que ya no pudo más, y es algo que tengo que trabajar para poder revertirlo y vivir en paz con ello.  

También saber que hay muchas personas peleando para recuperarse, sea por este virus, sea por el cáncer, sea por cualquier enfermedad, a todos ellos mi total reconocimiento por el esfuerzo y el valor para no dejarse vencer, y contar con esa flama que día a día les permite ver que el siguiente respiro como el más importante, por eso cuidarlo y hacerlo más fuerte, a todo pulmón.     

Escape voluntario: el mar

El mar, la playa, siempre procuran un escape, vacaciones, el mar que limpia y balancea el cuerpo, sí, hay tantos parámetros de la playa como un lugar para descansar, por lo que me considero afortunado, he tenido algunas oportunidades para vivir cerca del océano.

La primera en el año 88, mi familia y yo nos fuimos a vivir al puerto de Veracruz en medio de una temporada llena de conflictos y con deudas a tope, siendo yo un infante pues no se entendía mucho el porqué, pero la idea de ir a otro lugar tampoco me ayudaba, dejando atrás amigos, escuela, barrio, las cosas que hacen consistencia a un púber se diluían en medio de inseguridades propias de un adolescente.

Veracruz de entrada fue muy amable, con gente sin preocupaciones pero con mucha pasión, por lo que mi periodo de secundaria la pasé bien, yo siempre triste y deprimido pero el ambiente jarocho siempre fue muy cordial conmigo. El hotel Emporio con su pastel de elote, el Sanborcito y sus picadas, La Antigua y sus pescados inigualables a la orilla de la boca del río, las dunas en Chachalacas, el malecón del puerto, en si, ahí, empecé con la idea de correr aunque nunca supe que era para sacar la ansiedad. La verdad es que puros buenos recuerdos de este puerto marítimo, después, en medio de berrinches, tuve que aceptar el regresar a Cd. de México, a sabiendas de que disfrutaba mi estancia en este lugar histórico, y sí, me quería quedar ahí, seguir en ese ambiente que nos ayudó a salir adelante después de la catástrofe familiar ocurrida en 1985.

Me quedó la idea en el subconsciente que necesitaba irme a otro lugar para poder estar bien, escapar, pero nunca ubiqué porqué hasta ahora.

En el 2008, tuve la oportunidad de huir a Cancún, un lugar con la playa algo lejana, por lo que no se logra disfrutar, o no existe la idea de tenerla a la mano, tuve que abortar misión y regresar algo derrotado a CDMX.

Ahora, con la coyuntura de trabajar en Playa del Carmen, también en medio de momentos adversos, aunque sin búsquedas o pretensiones de un futuro mejor, hablo del pico de la Pandemia en julio del 2020, veo que me adapté fácil, como si fuera algo muy natural, no quería recordar el haber vivido en Veracruz como antecedente, pero en realidad el vivir al lado del mar ayuda a sentirme bien, aire limpio, vecindades más amables, distancias cortas y niveles de pasión siempre más altos que en las grandes ciudades, también podría ser la idea de estar a la orilla del mundo con días espectaculares, escenarios indescriptibles desde el amanecer hasta que anochece, los sudores en las pieles, las vestidos ligeros, ciudad sin edificios, sin lugares lúgubres, olores diversos siempre a naturaleza, y claro, la pasión por la libertad, crecer, competir, buscarse un lugar en medio de una ciudad llena de migrantes.

En el aire flota la idea de valorar cada palpitación, cada respiro, ideas ya olvidadas en una ciudad más sólida como México, dónde tienes que crearte personajes obscuros para poder avasallar y ser «exitoso», acá también, pero debes ser más pintoresco, la falta de gracia podría ahogarte gris en medio del azul caribe.

Ahora, después de años, ubico que huir a otros lugares para escapar de mis miedos, de mis traumas, era en parte porque extrañaba Veracruz, he logrado entender que a pesar de las adversidades, la suerte de encontrar un lugar que te abre los brazos es una oportunidad para construir de manera más sólida un futuro en cada momento, no en cada berrinche o en el pasado oxidado que se ve cada vez más lejano.

La Emisora Voyage

Vecinos Pasajeros

Les presento, son Angeline y Jacobo, ella de Burdeux, él de Puebla, y viajan recorriendo las #carreteras en su remolque La Emisora Voyage

En medio de la situación actual, podría ser un acto de valentía, de adaptación y de sobrevivencia «pasajera», ver y decidir por del día a día.

Uno de los rostros aventureros del #aquiyahora

Hunting Season en Playa del Carmen

En Playa del Carmen, durante este fin de año, en la recién inaugurada nueva normalidad, existe una necesidad voraz para ocupar un espacio céntrico, cerca de la playa, de la 5ta avenida, es una especie de hunting season para extranjeros recién desempacados por la variante Ómicron. El año pasado no sucedió así, era más bien la expectativa de las fiestas, pero solamente la 5ta tenía vida, y aparte, estaban remodelando tan importante andador, por lo que entre cubrebocas y trabajos de construcción, no había mucha idea de lo que es el hospedaje en temporada alta.

Lo que sucede en esta ciudad a diferencia de Cancún o Tulum, es que tiene más accesos a la playa y muy cerca de las zonas habitacionales, este le da un plus a un turismo más de caminatas y bicicletas, ir a al mar está al alcance de la mano, y en el dado caso que seas dueño de espacios colindantes con las playas públicas, en esta temporada puede subir al doble su valor, ya en en febrero volvería a una normalidad para que en abril puedan pedir socorro si es que se gastaron las ganancias en Bacalar.

Así que si andan buscando estudios y esperando a que la suerte les ampare por estos días, habrá que comenzar a rezar ya que todo está «full» hasta nuevo aviso.

La 5ta con Juárez, zona centro de Playa del Carmen / Foto: Andrés Villela
La 5ta con Juárez, zona centro de Playa del Carmen / Foto: Andrés Villela

2021, el año que disfruté del ajo

El 2019, fue para mí cómo un pequeño grano de «risotto», donde pude ver la última resistencia de mi ego sin almidón, pero aún pequeño, resistente, testarudo, por lo que tuve que cocinarlo con vino blanco, agua, mantequilla y leche, así logró “suavizarse”, para después formar parte de un menú más grande que él, en este convite al que estamos invitados todos llamado vida. Ese fue un año en que la comezón fue cosa de todos los días por el cambio de piel que llevaba mutando más de una década, salpicando aceite en mis costras, en mi pasado. Entonces, se aparecieron mis muertos, mis fantasmas, y pude comenzar a despedirme de la soberbia y de un «halo» de superioridad moral que me jalaban para hacer fiestas donde terminaba por ser un gran anfitrión solitario. Ahí, mi berrinche agreste e infantil terminó por calmarse para entrar el 2020 y sobrellevar la Pandemia del Covid 19 con todo lo que esto implicaba, paciencia y determinación. Sí, fue un año sin nombre, sin pretextos, de pura carne viva.  

Este 2021, le podría denominar como “ajo”. El ajo es un saborizante natural, que en lo personal debe ir primero para freírse en el aceite antes que todo lo demás, así “colorea” todo lo que se sazone después, y me pregunto, cómo es que algo tan pequeño puede permear en el futuro de cualquier receta. Esa fuerza ha sido una constante en cada uno de los meses de este año, una idea graciosa, significativa para condimentar un mejor presente, uno más real, con más sabor, con experiencia en su uso y con la idea de que ayudó a la circulación de ideas, de esfuerzos, de días. No lo sé, si etiqueto al tiempo podría quitarle aristas interesantes, pero creo es un buen ejercicio para explicar que a pesar de la dureza por la pandemia para muchas personas, por esta nueva normalidad que aún no termina por ser consistente, el ajo pudo darme un condimento para olvidar los sinsabores anteriores. Es una idea que llevo cocinando algunos días y que me permite condimentar el día a día con más sazón, y así en algún momento, al respirar, poder chuparme los dedos.   

Hanal Pixan, video de ceremonia

En la idea de recorrer el estado de Quintana Roo, gracias a la iniciativa del fotógrafo Enrique Rivera, pude conocer la comunidad de Tres Reyes en el municipio de Lázaro Cárdenas.

A hora y media de Playa del Carmen, pudimos observar que este lugar es muy respetuoso de las tradiciones, de la parte espiritual, es limpio y emerge como una fiel muestra de las costumbres de esta península enclavada en el Caribe Mexicano.

Tuvimos la fortuna de estar en una ceremonia del Hanal Pixal, una familia de la localidad nos invitó y pudimos participar de toda la festividad, hablo de la preparación del altar, la comida, y en medio, un ritual lleno de misticismo peninsular.

Estas imágenes son parte de la magia que a partir de la sencillez y el respeto se puede lograr para honrar a los que ya no están.

Esto, en su corta visita al Pachamama.

Realización, guion y diseño de audio: Andrés Villela

Miguel Ángel, un librero en la Rivera Maya


En la Plaza 28 de Julio, en el centro de Playa del Carmen, por algunos momentos hay una idea general de ligereza, sobre todo en las tardes después de comer, el tiempo va ligero, sin prisa, donde algunos turistas podrían llegar a esta ubicación en muchas ocasiones por equivocación y se regresan a la 5ta avenida. Aquí, se encuentra el viejo Palacio Municipal, un lugar de trámites y de historias políticas que superan la ficción.

En una de sus esquinas, al suroeste si ves desde una brújula, hay un puesto de libros usados que se pone todas las tardes de 5 a 10 de la noche.

“Llevo ya cinco años aquí en Playa, me dedico al fomento de la lectura. Es más, jamás pensé llegar a estos lugares, no, porque al final de cuenta no me llamaba mucho la atención el factor de la desigualdad entre los trabajadores de la industria turística y de servicios”: Miguel Ángel Ochoa.

Foto: Andrés Villela

Pues sí, es de llamar la atención el estar puntual a esta hora y dedicarse a esta labor ¿rebelde?¿anarquista? vender libros usados en el caribe mexicano es una idea que me llama poderosamente la atención.

“Bueno, si me dedicó al libro de ocasión, al libro usado, que al final de cuentas es de alguna manera, un libro más barato, más económico, más al alcance. Y pues, al final de cuentas yo lo que doy a conocer son autores no tan comerciales… pero los libros de superación personal son los que más se venden aquí en Playa”.

Foto: Andrés Villela

La verdad podría ser un dato que no me sorprende, en las últimas encuestas para las elecciones en el municipio de Solidaridad, uno de los puntos para describir al Playense (denominación de las personas que viven en Playa del Carmen) establecía que son personas competitivas y que siempre están en la idea de salir adelante, sobrevivir a pesar de todo, de nadie, buscando el no perder el privilegio de vivir en uno de los mejores destinos turísticos del país.

Maestro Miguel Ángel Ochoa / Foto: Andrés Villela

«Yo nací en el tianguis más grande de América Latina como librero, el tianguis de la Lagunilla, esa es mi alma mater. Ahí están los libreros más connotados del país, de ahí salieron, entonces sé la historia, sé el proceso y precisamente es que la calle es el lugar donde el pueblo mexicano tiene que llegar y tropezarse con los libros ¿Tú ves las librerías, cuantas gentes llegan a una librería?».

Este tipo de historias son los que van armando los rompecabezas de las ciudades, son pequeñas piezas que al ir construyendo el cuadro final marcan la diferencia, aunque por costumbre pasen desapercibidos en medio de los números económicos, en medio del turismo de ocasión.

Virgen del Carmen, una procesión única en la Riviera Maya

El 16 de Julio se celebra el santoral de la Virgen del Carmen, matrona del mar, la estrella marítima, y en Playa del Carmen, lugar carmelita por denominación, hubo un sin fin de festejos. En un recorrido por la tarde, al encontrarnos en Parque Fundadores, estaba en proceso un ritual en particular, donde varios grupos de diversas partes del país celebraban este día.

La festividad que se está llevando a cabo es por nuestra Patrona de la Virgen del Carmen, que se celebra en estas fechas, y pues estamos entonces haciendo conformidad de unión y conquista, de nuestra tradición ancestral, de nuestra diosa conchera.

Cynthia Mabel Vargas Rojas, representante del Caribe Mexicano
Foto: Andrés Villela

Resultaba especial, ya que a la vista de todos los presentes, los estandartes así como las vestimentas que eran de muchas partes del país, así como los cantos y oraciones, se sumaban a la fotografía de este instante, al rompecabezas de este lugar mágico y turístico.

La iglesia en esos momentos estaba cerrada, entonces el ritual lo llevaron a cabo en el quiosco del parque, y el recorrido lo realizaron en los grandes escalones y pasillos de este lugar emblemático.

Foto: Andrés Villela

No hay pago, cada quién viene con sus propios recursos para alabar a la Virgen del Carmen. Le celebración es en cantos, desde ayer estamos velando y cantando toda la noche para hacer estos bastones de flores, que se traen como ofrenda…netamente es de corazón y por devoción a la Virgen del Carmen.

Alejandro Moreno Peña, organizador.
Foto: Andrés Villela

Esta ocasión fue diferente, ya que tuvieron invitados de otros lugares del país, de Yucatán, Querétaro, así como de otros países, Italia, Francia. Un invitado especial, fue la imagen del Santo Niño de Atocha que vino desde Ciudad de México acompañado de una de sus principales líderes: Remedios, quién forma parte de una familia real de gran tradición en, como ellos denominan: la Ciudad de Tenochtitlán.

Sin duda, un ritual para enmarcar y recordar como parte de la historia que se escribe día a día aquí en Playa del Carmen.

Texto: Andrés Villela